JARRAMPLAS
Aprovechando
que hace unos días fue la festividad de San Sebastián y que nuestra
compañera Yolanda Moreno ha traído una máscara de “Jarramplas”,
recordaremos esta fiesta que se celebra en la localidad de Piornal en la
provincia de Cáceres.
El traje de
“Jarramplas” está compuesto por chaqueta y pantalón blanco, de los
cuales cuelgan cintas de distintos colores. La máscara es de forma
cónica con dos cuernos laterales, una considerable nariz y una cola de
crin de caballo. En los últimos años se ha incorporado por dentro una
armadura de fibra de vidrio para evitar los daños que se producen con el
lanzamiento de los nabos. El traje, incluyendo las cachiporras y el
tamboril, llega a pesar 45 KG.
El día 19 de
Enero el mayordomo y “Jarramplas” recorren las casas recogiendo
viandas. Durante todo ese día Jarramplas toca el tamboril y al anochecer
los asistentes entonan las coplas de las Alborás. De madrugada se toman migas con vino.
Es el día 20
cuando se produce la procesión de San Sebastián, en la cual
“Jarramplas” con la cabeza al descubierto y tocando el tamboril camina
hacia atrás. Al finalizar la procesión hay una subasta de las andas del
Santo para introducirlo en el templo. Una vez dentro tiene lugar una
misa donde se canta la rosca. Terminada la misa sale “Jarramplas” a la plaza y es cuando se produce la batalla entre “Jarramplas” y el pueblo.
No sabemos
muy bien el origen de esta fiesta pues no se ha localizado ningún
testimonio que lo indique. Unas teorías hablan de la conmemoración del
castigo que infringió Hércules a Caco. Otros que imitan ceremonias
vistas a los indios americanos y la teoría más difundida es la leyenda
que habla del castigo del pueblo a un ladrón de ganado.
Esta fiesta
es similar a otras que se dan en la provincia de Cáceres, en Castilla e
incluso en Hispanoamérica. Lo más curioso de esta fiesta es su
significado, es una mezcla de la tradición ancestral judía o
precristiana del chivo expiatorio en la cual todo un pueblo culpa o
paga su frustración con un individuo en este caso “Jarramplas” , con la
tradición cristiana en la que el señalado asume su castigo para expirar
su culpa.
En esta
fiesta tan colorista se mezcla el sentido de sacrificio de los ritos o
ceremonias precristianas, donde el poder lo tiene la colectividad. Con
el sentido cristiano de poner la otra mejilla.
Mª José Sánchez Rey.
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